Edición # 78

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Edición # 77

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Homenaje a Clara Roselli

Homenaje a Clara Roselli

El Sol de San Telmo

Reunión de redacción abierta de El Sol de San Telmo (13-05-2016)

Reunión de redacción abierta de El Sol de San Telmo (13-05-2016)

“En el Arteterapia, se trata de escuchar al cuerpo”

María Silvia Ferreyra

Mi encuentro con Silvia fue en la ferretería de Saverio (Chacabuco y Carlos Calvo). Cuando estaba repartiendo El Sol oí que pedía unos tornillos para colgar y no sé por qué me llamó la atención su gesto delicado al hacerlo. Me atreví a preguntarle qué iba a hacer con ellos y me dijo “son para colgar mis cuadros”.

Obviamente, mi curiosidad de vecina hizo todo el resto y aquí estoy queriendo saber más de ella mientras me convida un rico café en su casa-taller ubicada en un piso alto de Bolívar al 1000, donde en el horizonte se vislumbra la Iglesia de San Telmo, pero también los horribles rascacielos del vecino Puerto Madero que molestan la visual y, además, han tapado la salida del sol que “yo disfrutaba tanto”, se lamenta Silvia.

El Sol: Antes de adentrarnos en el Arteterapia, contanos un poco sobre vos porque nuestra idea es que los santelmeños no solo conozcan el patrimonio edilicio, sino también el humano que habita el barrio. Continuar leyendo

“Restaurar, más que una creación es una invención”

Magdalena Giménez Fitte es una artista autodidacta. A lo largo de sus sesenta y cuatro años, ha logrado reinventarse y refleja el valor de haberse creado a si misma a través de los avatares de la vida.

Con un inicio ¨acomodado¨, dentro de una familia tradicional de nuestra ciudad, dueña -en Lincoln- de campos, vacas, haras de caballos y todo lo que rodea a un estilo de vida con un futuro asegurado y previsible -“pero de arte, nada”, como ella describe-, seguramente nunca imaginó que tomaría las riendas de la vida y las haría suyas, transformando la imprevisibilidad en capacidad creativa.

Luego de haber vivido ocho años en Punta del Este acompañando a su ex marido arquitecto que llevó adelante proyectos edilicios en La Barra, viviendo el sueño de muchos donde veía corretear a su hija y sus perros por la playa, debió volverse -“con una mano atrás y otra adelante”, dice- porque la economía familiar así lo dispuso.

Por ese motivo, decidió instalarse en San Telmo en la calle Humberto Primo al 600 haciendo realidad -quizás sin querer- su pensamiento, ya que “cuando tenía 17 años, vine a la Plaza Dorrego y pensé que algún día iba a vivir en este barrio”, recuerda.

“Ese departamento, estaba todo arruinado. Lo arreglé ¨a pulmón¨ ayudada por un pintor que tocaba la batería. Quedó divino, espectacular. En un momento me separé y crié a mis hijos ahí, con gato, perro, tortuga y loro. Iba a la costanera, tiraba una manta y vendía mis cuadritos exhibidos en los caballetes que hacía mi hijo. El primer día vendí cinco cuadritos y estaba feliz. A la noche pintaba sin dormir y así tener obras para el día siguiente. Me encantó esa parte de mi vida, donde tomé contacto con gente que me permitió dejar de ser una ¨cheta¨ pelotuda. La supervivencia me fascina porque me gustan los desafíos, estar en el medio de la nada y ver qué hacer con eso. No dejarse vencer y salir adelante, hace que te sientas una reina”, señala Giménez Fitte. Continuar leyendo

Empanadas con historia

“El Gauchito”

En Independencia 414 hay un rinconcito de La Rioja, una verdadera embajada de esa provincia norteña en San Telmo. “Pensar que cuando era muy chiquita, San Telmo me parecía un barrio de viejos, por los anticuarios y el tango”, rememora Johana Ormeño (26), hija de Beto, el alma mater de la casa de empanadas “El gauchito”. “Pero a medida que fui creciendo -continúa la joven- me di cuenta de la importancia de la historia del barrio, presente en cada adoquín de la calle Defensa”.

“Con el tiempo, reconocí que mi enojo con el barrio tenía que ver con que mi padre, que era mozo de la pizzería “Mi tío”, se pasaba todo el tiempo trabajando y no podía compartir con nosotras ni un acto escolar. El barrio se ¨apoderó¨ de mi papá. Hoy creo que sin esa fuente de trabajo, no hubiese podido mantener a la familia”, cuenta Johana, embarazada de siete meses.

El local es chico pero el corazón es grande. Cada foto, cada adorno, tiene su historia. Las fotos de algunos clientes -chicos del colegio Ing. Luis A. Huergo y turistas que dejaron sus huellas, entre otros-, conviven con la pintura del Gauchito Gil y los retratos de Mercedes Sosa, Carlos Gardel, Maradona, Perón y Evita. Continuar leyendo

El arte de tejer, con bolillos

Muchas veces deseamos hacer un trabajo estructurado guiándonos por un carril, pero la realidad nos lleva por otros derroteros.

La curiosidad me llevó a visitar el Casal de Catalunya en Chacabuco 863 -CABA- y ahí me enteré que Alicia Torres coordinaba un curso de encaje de bolillos, una vez a la semana, entonces -siguiendo con mi curiosidad- me anoté.

Debo decir que es muy entretenido. No es fácil hacer los diversos cartones, pero la profesora y el grupo te estimulan a no abandonar. Te sientes a gusto porque hay un clima de camaradería.

Debido a esto y luego de un comentario, sobre el tema, que realicé en la reunión de El Sol de San Telmo, me sugirieron tener una conversación con la profesora de Bolillos y contarla en el periódico, cosa que hice. Llegué a la clase (estoy aprendiendo la técnica hace dos meses), acompañada por Nelly Dutoit y me desbordó su muestra de generosidad y de calidad de los trabajos y materiales que trajo para que los diera a conocer, fotografiándolos.

En la conversación Alicia contó que empezó con el bolillo en 1999 como una afición y ahora pertenece a un grupo de encajeras, que se reúne dos veces por mes en el Casal y que las clases llevan cerca de diez años impartiéndose en ese lugar, los martes de 14 a 16.

Nos interesó también saber cómo sus alumnas se habían acercado para aprender esta forma de tejido tan original y detalló que hace algunos años -gracias a un evento organizado por la Dirección General del Casco Histórico, que se realizó en Balcarce y Chile- tuvieron un espacio como expositoras, denominado Espacio de Artes y Oficios Antiguos y allí dieron folletos publicitando las clases. Continuar leyendo

LA ABUELITA

A partir del domingo 26 de julio y durante todos los domingos de agosto, a las 18 en la Scala de San Telmo se presentará LA ABUELITA (Pasaje Giuffra 371 -Defensa al 800-, CABA).

Contacto: Carolina García 15-5106- 5189  [email protected]
Argumento:
En el seno de una familia de nuevos ricos se produce una conmoción: la hija menor (Julia) se compromete con un Barón de la nobleza italiana, los cual llena de Ínfulas de grandeza a la madre de esta familia (Teresa). En ese contexto llega de su Galicia natal “la abuelita”, es decir la madre del dueño de casa (Francisco), el hombre que desde su despacho de abogado ha sabido amasar la fortuna. Pero “la abuelita” no resulta ser como se lo imaginaban y se les aparece a esta señora y sus hijas una aldeana gallega que no puede ni quiere disimular su origen. Solo la hija mayor (Amalia) la recibe con cariño. Es así que Teresa resuelve que la molesta suegra sea confinada a la quinta, para que no sea vista por sus amistades. Después del casamiento de Julia con el Barón deciden tener contacto con ella. Por su parte, el pretendiente de Amalia (Luis), es rechazado frenéticamente por Teresa ya que -a pesar de ser médico y tener porvenir- lleva sobre sí la “vergüenza” de ser hijo natural. Casimiro (hermano de Teresa) aclara las cosas y le demuestra a Teresa que ella tampoco está libre de la “vergüenza”, trayendo felicidad y armonía a la familia.

El pasado logró transformarse en futuro

Homenaje a la amistad

¿Jorge? Soy Tony Teja.

¿Tony Teja?

¡Tony Teja en el teléfono! Un abismo se abrió a mi espalda. El abismo del pasado que repentinamente, con esa aparición, readquiría todo su espesor y profundidad.

“¡Andaluces de Jaén!”

“Aceituneros altivos”

Tony Teja cantaba y se acompañaba rasgueando la guitarra.

Era la tertulia de Alfredo Tapia Gómez. Allí íbamos los escritores una o dos veces por mes para realizar el ejercicio piadoso de escuchar y de que nos escucharan. Tony Teja aportaba la música y el canto. Esa noche, la última, cantó Andaluces de Jaén, un modo de homenajear y desearle buena suerte al contertulio que partía para España. Era 1976 y la semana siguiente me embarcaba en el Cristóforo Colombo que hacía el viaje final de línea regular, Buenos Aires a Barcelona, quince días en alta mar.

Llevaba un baúl, como mis abuelos. Me despedía para siempre. Porque sentía que el horror que dejaba atrás duraría para siempre. Por suerte me equivoqué.

Elegí el barco porque supuse que el traslado lento me daría tiempo para reflexionar sobre mi decisión e impediría que el cuerpo llegara a puerto antes que la mente. Fue una fantasía; en realidad floté dos semanas mecido por el océano en un estado de irresponsabilidad feliz, como en el líquido amniótico. Más tarde descubrí que en un viaje psicológicamente sin retorno no se llega a destino cuando se llega sino cuando se comprende que allí se está. La primera mañana me desperté en la luz tenebrosa del alba invernal y escuché los sonidos extraños de una ciudad extranjera. Me afeité ante el espejo y con un estremecimiento me pregunté a la cara: ¿Qué hago yo aquí? Después la vida, que impone las reglas, siguió su curso durante treinta años de expatriación. Y hoy, de vuelta en Buenos Aires, una voz me busca: “Andaluces de Jaén”.

“Leí en El Sol de San Telmo la nota sobre tu nueva novela y me enteré de que éramos vecinos”, me dijo al reencontrarnos Tony Teja, la voz del pasado que regresaba. Nos abrazamos. Una publicación barrial había consumado el milagro inocente de suturar el desgarro del tiempo.

Jorge Andrade

 

50 AÑOS DE DOCENCIA

El Instituto Integral del Sud (Defensa 1318) festejó su 50 Aniversario, con un acto conmovedor.

Es que por esa casa histórica, pasó mucha de la infancia del barrio que -a su vez- volvió con sus hijos, encadenando así la tarea educativa elegida y heredada.

“En 1965 comenzó esta pasión por enseñar, hoy como ayer seguimos con la misma ilusión de educar…” decía claramente la invitación a los que, de alguna manera, acompañaron el camino iniciado hace medio siglo y ratificado en este presente luminoso.

Elvira Milano, ahora directora, observa con orgullo docente la obra iniciada por su madre -María Angélica “Chichi” B. de Milano-, acompañada por su esposo Flavio y seguida por esta familia relacionada a la educación.

No es casualidad que el logo que distingue al Instituto sea una casita, porque así lo han sentido -sin dudas- los padres, los abuelos y los niños que lo poblaron desde siempre. Es una gran familia que ha ayudado a muchas del barrio a educar a sus hijos, a comprenderlos, a disfrutarlos, a enorgullecerse con sus progresos, a sentirse contenidos ante algún eventual problema, a saber que cuando se pasa el umbral de esas puertas de madera y se transita por el corto pasillo para tocar el timbre, lo que se va a abrir no es la puerta, sino el alma de esa casa educativa.

                                                                                                                                                     Isabel Bláser

“Pirilo”, pizza y fútbol

Una perlita oculta en la barriada

San Telmo esconde secretos con los que la gente lo identifica con relación al ámbito cultural, artístico y social: la Plaza Dorrego, la Iglesia Parroquial San Pedro González Telmo y el bar Británico; entre otros. Pero también el mundo gastronómico construye y contribuye a la historia de un barrio, desde sus sabores que se sirven en la mesa de los vecinos.

Así sucede con “Pirilo”, la pizzería ubicada en Defensa 821 (a pocos metros de Independencia). Este local representa un patrimonio para los santelmeños. Sus clásicas bandejas gigantes de muzzarella al molde, fugazza común, fugazza con queso y anchoas, fainá y pizza a la cancha (con ají molido, tomate y orégano que se degusta fría) son su marca registrada. “Acá amasamos la pizza a mano, lo hacemos todo a pulmón y sin máquinas”, afirma Silvia Vizzari, hija del fundador de “Pirilo” y santelmeña de nacimiento. Estos productos se fabrican con la ayuda de un horno a leña. Otra cosa que lo identifica es que los clientes comen parados, es decir sin mesa y sillas de por medio.

A pesar de que es un hito en el barrio, sin embargo algunos vecinos no llegan a reconocer el negocio a simple vista debido a que la fachada es angosta y su cartel pasa desapercibido entre las casas que lo rodean. Más allá de que la pizzería esté casi oculta en el tradicional paisaje turístico, su crecimiento popular convoca -entre otros- a vecinos, estudiantes universitarios y trabajadores de la zona. Es más, hasta taxistas estacionan su auto y se toman un tiempo de descanso para comer alguna porción con la característica servilleta gris en mano, de “Pirilo”. Continuar leyendo

El Sol de San Telmo invitado por el Museo Histórico Nacional, en La Noche de los Museos ( 31-10-2015 ).

El Sol de San Telmo invitado por el Museo Histórico Nacional, en La Noche de los Museos ( 31-10-2015 ).

Video: Huerta de la Escuela Valentín Gómez

Video: Huerta de la Escuela Valentín Gómez