Rosario Sica, una dama con energía

La Dra. Sica pronunciando un discurso ante la Policía Federal.

En los comienzos de la aplicación de las normas de preservación urbana del Casco Histórico llegó a la consulta técnica una persona que necesitaba conocer los requisitos para la colocación de publicidad en el edificio de Urania, la estación de servicio ubicada en la calle Chacabuco al 700 -CABA-.

Seguidamente se le informó cuales eran las disposiciones vigentes y la forma como los propietarios de la estación podrían obtener la habilitación necesaria. Pero “la propietaria soy yo”, dijo amablemente la consultante y así es como conocimos a Rosario Sica.

Tal vez no sea necesario decir que en esos años una mujer al frente de una estación de venta de combustibles constituía una verdadera novedad.

Ese cerrado mundo masculino de empresas petroleras, dueños de estaciones de servicio y sindicatos no parecía apto para Rosario, una dama de aparente fragilidad pero que poseía, al conocerla, una enorme personalidad, firme y decidida.

Sin abandonar la amabilidad, con honradez y tesón se transformó en uno de los grandes referentes de la actividad y la posible subestimación a su condición femenina se transformó en respeto sin condiciones.

Siendo muy joven, en el año 1966 y luego de graduarse, llegó a San Telmo y se hizo cargo de la estación de servicio. Con esfuerzo y trabajo pudo consolidar su empresa y ser reconocida por sus pares.

Durante muchos años presidió, con indudable éxito, la Federación de Empresarios de Combustibles de la República Argentina (FECRA), en una tarea ardua que la llevó a situaciones, a veces muy comprometidas, que Rosario recuerda con humor.

También se volcó al barrio en diferentes acciones de orden social: organizaba juegos para los chicos, reuniones para celebrar las fechas patrias o regalaba flores el Día de la Primavera.

Es imposible no recordar algunas de las actividades que se le ocurrieron: Por ejemplo -en los difíciles días de 2001- organizó un recorrido para los chicos, cómodamente instalados en un trencito, por las calles del barrio. Al respecto, esto dijo Rosario: “Por las calles de San Telmo iban recorriendo los trencitos, llamados de La Alegría, el itinerario histórico trazado por el Arq. José M. Peña respetado, creativo y muy querido funcionario, llevando a los niños de todos los colegios de la zona y del Padelai, auspiciado por la Comisaría 2da. y la Agrupación de Amigos, que presido. Los niños con su espontaneidad y alegría iban saludando a los ciudadanos que, sorprendidos pero muy preocupados por los problemas vigentes (año 2001) retribuían el saludo sonriendo. Solo esos niños, esperanza y futuro de la Patria, pudieron lograrlo”.

Estación de Servicio, de Chacabuco y Chile.

Durante la triste época de la Guerra de Malvinas se le ocurrió juntar fondos vendiendo empanadas, hechas por ella y muchos vecinos solidarios.

En otra ocasión no dudó en decorar con flores y alfombras un sector de la estación de servicio, contratar una pequeña orquesta y celebrar allí la fiesta de casamiento de una de sus empleadas, emotiva reunión a la que no solo asistieron los parientes, sino también los empleados y los vecinos que no podían creer la hermosa fiesta a la que estaban asistiendo.

Además, como Madrina de la Cooperadora Policial de la Comisaría 2da., su colaboración redundó, entre otros aciertos, en el cuidado y restauración del estupendo edificio que ocupaba en la calle Perú 1050, CABA.

Junto al Museo de la Ciudad, con el cual se creó una afectuosa amistad, organizó muestras en la estación de servicio -cosa inédita hasta ese momento- que humanizó una actividad, hasta entonces, totalmente utilitaria.

En el mes de marzo de 2019 la Asociación de Permisionarios de la Feria de San Telmo le otorgó La Mano de la Amistad en reconocimiento a su trayectoria y -en el encuentro organizado por San Telmo Art Group en la sede del Museo Histórico Nacional- con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, participó de una Mesa Redonda donde se recordó toda su incuestionable labor.

Eduardo Vázquez

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