Se encontró en el barrio una inmensa cisterna

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Entrevista a Ricardo Orsini, responsable en la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico del GCBA, del Registro Arqueológico.

¿Qué implica para los santelmeños y cómo se puede participar, siendo vecino, en el rescate de nuestro patrimonio histórico?

Hace poco se encontró en Bolívar 466 –en la casa de Estrada- una gran cisterna llena de escombros.

¿Qué significa este hallazgo para nuestro barrio?

Lo importante de este pozo es que nos ayuda a recrear un poco más cómo vivía la gente en el casco histórico, que hoy en día sería San Telmo y Monserrat. Es un foco de información para toda la gente interesada en la historia del barrio. Estos pozos, -como el de Defensa 1344 también-, no son tan numerosos. Se rompieron mucho a través de las décadas. Una de las medidas que queremos tomar es ponerlo en valor, para que los vecinos puedan ingresar y entender cómo era un depósito de agua en esos años. Este pozo tiene dimensiones grandes, a tal punto que una vez que dejó de funcionar como tal se usó de sótano. Hay evidencias en las paredes que demuestran que se usó de sótano (clavos, marcas de estantes y otras). Todavía se sigue encontrando evidencia por debajo de casas que ni siquiera son tan antiguas como esta que es de 1870, aproximadamente. Este hallazgo es una buena noticia, quiere decir que queda mucha información escondida por descubrir.

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¿Cómo se encontró esta cisterna que estaba escondida por debajo de sus propias oficinas?

El Gobierno de la Ciudad compró dos edificios: lo que era la Editorial Estrada, con frente sobre la calle Bolívar y la casa de la familia Sarratea, en la calle Venezuela, conocida como Casa de Liniers. Preparábamos una excavación en esta última y cuando fuimos a buscar los planos en Aguas Argentinas para ver la distribución de caños, el plano más antiguo que encontramos era de 1901, aproximadamente.

La idea era encontrar un pozo. Este documento no nos daba ninguna información que nos sirviera para la excavación en la casa de Liniers, pero mostraba un sótano, en líneas punteadas, por el sector de adelante del edificio de la Editorial Estrada.

En el edificio no quedaba ninguna marca de acceso a este sótano. En un momento pensamos que podía ser un proyecto de sótano que nunca se había construido. ¡Inclusive tenemos un plano de 1968, donde no se menciona el sótano! La idea era ver dónde podíamos hacer algún tipo de agujero en el piso, iluminar y ver si había algo. Pero apareció otra fuente histórica, el catastro Beare, donde está representado otro edificio anterior a este. En ese plano lo que vemos es que hay un patio delantero. Y casualmente las dimensiones de ese patio son las mismas y está en el mismo lugar que en el plano de la casa donde aparece un sótano.

Ahora, si hablamos de un patio delantero en una casa del siglo XVIII o XIX, lo probable es que en el medio haya podido haber una cisterna también. Efectivamente, el sótano era la cisterna de esta casa.

¿Cual fue el motivo para preservarla?

Cómo tenía buenas dimensiones, se pudo usar de depósito, de oficina, eso lo estamos investigando. Llegó un momento que se dejó de usar y se llenó de material en desuso e inclusive de escombros. Uno de los materiales más antiguos encontrados -por ahora- dentro de estos desechos, es de 1910. Son frascos de un producto que no tenemos identificado, pero con la Marca Deyrolle, París. Deyrolle era un taxidermista muy famoso de París que vino para una muestra realizada durante el centenario de la Argentina.

La cisterna no está llena, se puede entrar tranquilamente. Lo que se ve es el suelo natural de la cisterna y escombros. No tiene sentido excavar por niveles, con la metodología de una excavación, porque el pozo tuvo distintos usos y solamente se empezó a llenar de escombros a partir de principios del siglo pasado. Lo que más nos interesa es la estructura que nos puede contar sobre los usos que tuvo la cisterna.

Una leyenda urbana cuenta que ustedes “gente de Patrimonio” se meten en una casa, se quedan mucho tiempo y se quedan con lo que encuentran…

En obras, por ejemplo, nos ponemos de acuerdo con las constructoras, para justamente no interferir en el trabajo que se va haciendo. Lo único que necesitamos es saber qué tiempo tenemos para rescatar el material que se pueda rescatar. Ha ocurrido que material excavado se mantuvo en el lugar. Eso es si el lugar es público o semipúblico. No es nuestra política mantener el material encerrado acá en Patrimonio, acaparándolo. Lo que se excava es del Estado, pero puede quedarse si es que se pone en una vitrina adecuada, con la seguridad correspondiente. Nuestra idea es que se vea, que se divulgue. Nos ha pasado excavar un pozo y salvar material, hasta que un día se destruyó la estructura porque lo necesitaba la constructora. La idea es trabajar mientras se puede.

¿Si un lector del Sol de San Telmo se anima a buscar en su propia casa este tipo de estructura, cuáles son sus recomendaciones?

Hay dos fuentes mayores para consultar antes de pensar en una excavación: el catastro Beare y los planos del archivo de Aguas Argentinas.

Se puede ir a AySA (Riobamba 750) a pedir los planos de cualquier casa de la ciudad. Ahí suelen aparecer las cisternas. En cuanto al catastro Beare, se puede consultar acá mismo, en Bolívar 466. Lo tenemos digitalizado. En la Casa de la Cultura también se vende, en una librería de la planta baja.

Muchos pozos quedan por debajo de estructuras recientes, no hay que pensar que por debajo de una casa del siglo XX no se puede encontrar nada. Nosotros siempre estamos disponibles si algún vecino tiene interés en consultarnos.

 

Tatiana Michalski

 

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