La casa del naranjo

Bajo un piso vidriado, en su Auditorio, nuestro Museo de Arte Moderno de Buenos Aires -MAMBA- (Av. San Juan 338, San Telmo, CABA) conserva los cimientos de la casa del naranjo (conocida de esta manera por el naranjo que se encontraba en su patio posterior, característica de las casas coloniales), considerada como una de las más antiguas de nuestra ciudad ya que data de fines del siglo XVIII.

Esos restos visualizados al hacer la excavación para ampliar el predio del Museo han sido uno de los hallazgos más importantes que tienen que ver con la historia de nuestra Ciudad. La situación se produjo alrededor del año 2000 cuando se decidió la demolición de esa parte del predio, con la finalidad de ampliar las instalaciones del MAMBA. Fue allí cuando fueron puestos en valor y preservados por el equipo de arqueólogos dirigido por el arquitecto y arqueólogo Daniel Schávelzon, convirtiéndose de esa manera en parte del patrimonio del Museo.

Hoy los visitantes pueden observar los cimientos de esa antigua estructura edilicia que incluyen un fogón de barro del siglo XVIII, a través de un piso vidriado que forma parte del auditorio del Museo.

Recordemos que a principios del siglo XX el lugar era un antiguo depósito y fábrica de la tabacalera Nobleza Piccardo, cuyo edificio -construido en 1918- se destacaba por su fachada de ladrillos a la vista. Fue remodelado a finales de los años noventa por el arquitecto Emilio Ambasz, manteniendo su aspecto exterior.

Pero volvamos a sus orígenes. La casa del naranjo fue construida alrededor de 1730-1750; originariamente fue un rancho y con los años integraba la parte trasera de una edificación cuya parte superior fue demolida. Sus cimientos y ruinas dan cuenta de estructuras de adobe y maderas del siglo XVIII.

La Casa de los Naranjos fue construida en 1798 por Nicolás de la Rosa y se encontraba en lo que en esos tiempos eran los alrededores de la ciudad. Al fallecer su dueño durante las Invasiones Inglesas de 1806 la heredaron sus tres hijos, ya que el terreno había sido dividido en tres lotes, uno para cada descendiente. Luego con la apertura de la avenida, durante el siglo XX, una de las divisiones fue tomada parcialmente. De cualquier manera, la casa mantuvo el nivel original de la urbanización de la época, que era alrededor de medio metro por encima de la vereda.

La casa llegó a ser una gran edificación alrededor de un patio y su última modificación se presume fue realizada a finales del siglo XIX, cuando se construyó la cocina del patio delantero y se colocaron -sobre el original piso de barro y luego de ladrillo– baldosas francesas de Marsella. En esa ocasión la empresa Obras Sanitarias de la Nación instaló los servicios de cloacas y agua. En la década del setenta, debido a su deterioro, derrumbaron su frente quedando así una casa abierta hacia la avenida y con el naranjo en su centro. Al poco tiempo la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires la transformó en una galería comercial, desmantelando los techos y destruyendo sus molduras.

El arquitecto Daniel Schavelzón en su libro “La casa del naranjo” señala que este solar es quizás “… el caso más sonado de la arqueología urbana en el país, una pequeña casita en la avenida San Juan 338 que el barrio llama La Casa del Naranjo, aunque hacía medio siglo que ese árbol había desaparecido. Fue quizás casualidad, pero estaba íntegra -según el concepto patrimonial de integridad-, lo que la hacía única en Buenos Aires, pero la necesidad de ampliar el vecino Museo de Arte Moderno exigía su demolición. Fueron cinco años de discusiones, seguidos por otros cinco de estudios, con enfrentamientos, cambio de ideas y de políticas entre profesionales y funcionarios. Así resultó ser la casa más estudiada de la ciudad, única en la que arqueólogos diferentes y sus equipos excavaron para contrastar sus resultados y confirmar el valor de la casa y su antigüedad…”. 

Isabel Bláser

                                                                                              

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