LOS 50 AÑOS DE LA LIBRERÍA MARIO

Mario Alberto Schraiber es un referente en el barrio cuando se trata de libros y útiles escolares. Su “Librería Mario” -Bolívar 1238, CABA- data de septiembre de 1976.

“Primero yo tenía un local, en esta cuadra, al lado de la heladería Tío Gordo y cuando hicieron la autopista me tuve que mudar a uno chico que anteriormente era de filatelia y en 1980 me trasladé a este donde había una sucursal de La Martona. Lo tuve que reformar todo, le pusimos blindex, piso de goma y quedó fantástico. En septiembre cumplimos 50 años en el barrio” dice -orgullosamente- Mario.

El Sol: ¿Siempre viviste en San Telmo? ¿Cómo era tu familia?

M.A.S.: Nací en 1944 en Charcas y Laprida, luego viví en Garay 243. Mi papá era gasista y se dedicaba a la reparación de sanitarios; mi mamá era concertista de piano y aunque no aprendí nada de música, como en casa se escuchaba música clásica me quedó el oído musical. Somos cuatro hermanos, dos hermanas profesoras de danzas y mi hermano que tiene un negocio de motores en la calle Piedras y México. Hice la escuela primaria en Azul, la secundaria en Mar del Plata y luego vine a vivir con mi señora a metros de la librería.

¿Qué hacías como estudiante? ¿Tenías idea de tener una librería?

Cuando era estudiante -a los 13/15 años- empecé a ir a Parque Rivadavia, en ese entonces ya me gustó la idea de cambiar mis historietas, después las vendía y luego comencé con los libros, así que todo se fue dando naturalmente durante 15 años. Me hice experto en libros de texto y novelas; un día pasé frente al Normal Nro.3, vi que había un local que se alquilaba y decidí no ir más al parque y estar acá en el barrio.

Imagino que para cambiar o vender libros, debés haber leído mucho…

Sí, siempre me atrajo la lectura. Cuando era chico me gustó una novela de Agatha Christie que me ofrecieron en una biblioteca y leí los 84 libros de su colección. También otros autores como Sherlock Holmes, Julio Verne.

¿Cómo fuiste haciendo la clientela?

Empezamos con la gente mayor, ellos luego trajeron a sus hijos y ahora vienen los nietos. O sea, ya atendemos tres generaciones.

Doy fe de eso, soy una de ellas… ¿Qué podemos encontrar en tu negocio?

Están todos los libros de texto -tanto en castellano como en inglés-, todos los útiles o elementos que los chicos que van a la escuela o los que trabajan en ella necesitan para sus tareas. Desde un cuaderno hasta una mochila, es un stock completo.

¿Te avisan los colegios lo que van a utilizar durante el año?

No es fácil porque termina el año lectivo y no tengo más conexión con los colegios, pero los padres reciben las notificaciones de los elementos que van a utilizar y me los pasan. Así nos surtimos de los artículos que los chicos necesitarán durante el año escolar.

¿Comercializás libros usados? ¿Hay otra librería en la zona que lo haga?

Los libros usados es lo que más se vende en los últimos diez años porque hay una diferencia económica demasiado grande con los nuevos, ya que salen la mitad de su precio. Por otro lado, en el barrio no hay otra librería en ese sentido, las más cercanas están por Once o parque Rivadavia.

Tu hijo, Darío, trabaja con vos ¿Te da ideas para ir modernizándola, acorde a los tiempos?

Si él lleva la parte de textos y publicación de internet, tenemos todo el stock de libros publicados ahí, eso ayuda mucho. Nos vamos adaptando a lo actual, aunque hay mucha gente que no recurre a la PC para leer, sino que viene y va cambiando los libros a medida que los lee. Es un barrio de gente culta y muy amable.

¿En estos 50 años, qué época te parece que fue mejor para la educación de acuerdo con tu experiencia directa con ella?

Al principio, porque había más obligación de leer libros, más disciplina escolar. Ahora hay mucha fotocopia, todo es más distendido, se permiten usar los celulares y no hay comparación con la forma de leer en un libro. Me gustaba más la manera de hace 30 años, creo que en ese sentido “todo tiempo pasado fue mejor”.

¿Cuáles son los útiles que más compran?

Los obligatorios como, por ejemplo: los repuestos de hojas, cuadernos, lapiceras, libros que piden los colegios, los útiles escolares de siempre.

¿Los clientes vienen de distintos colegios o el Normal 3, arrasa?

El Normal es muy importante, pero es uno de tantos ya que tenemos clientes del Esteban Echeverría, el Jesús María, María Auxiliadora, la escuela Dean Funes, entre otros. Son aproximadamente 30/40 colegios que se acercan a nuestra librería.

¿Cuál es tu ocupación, hoy, en la librería?

Hay muchas cosas que hacer en un negocio como este. Concretamente, me encargo de la compra y venta de libros y actualización de stock. Siempre tengo mucha actividad ya que compro al por mayor. Pero como mi hijo -Darío- trabaja conmigo hace muchos años, ahora él está a cargo de todo y aunque sigo trabajando ya no lo hago con un horario tan estricto.

Para sostener un negocio 50 años hay que dedicarle mucho tiempo…

Sí, pero no lo siento como un trabajo ni que hayan pasado tantos años, lo vivo como el primer día porque es algo que me gusta y lo sigo haciendo.

¿Alguna anécdota interesante en estos 50 años?

La única que tengo es que, cuando abrí el local actual -que estaba antiguamente La Martona- era muy antiguo con persianas que se enrollaban y se caían y tuve que sacarlas y poner todo un frente de blindex. En esa época había un arquitecto que se ocupaba de la parte urbana del barrio, José María Peña, que prohibía cambiar los frentes de los negocios. Para poder hacerlo tuve que alegar que se caía la mampostería con peligro físico de las personas y hacer una denuncia policial para justificar el cambio del frente y así pude lograrlo. Presenté la denuncia, vino la inspección municipal y quedamos todos amigos, pero en ese momento fue una complicación.

Mientras converso con Mario, Darío (40) -su hijo- atiende a los clientes con una amabilidad que lo caracteriza. No solo responde al pedido, sino que les da opciones de compra, incluso con ofertas de la mercadería requerida. Espero unos minutos que se desocupe y me cuenta que ya tiene una larga experiencia en la librería “porque hace 23 años que trabajo. Comencé a los 17, en el 2001, luego de terminar la escuela secundaria en el Ramón Falcón en San Cristóbal y como necesitaba trabajar para ayudar en mi casa, ya que vivía con mi mamá porque mis padres estaban divorciados, esto me sirvió. Obviamente es mejor trabajar para la familia que para un extraño”.

¿Vivís cerca?

No, vivo en Lomas de Zamora con mi señora y mi hija que estudia acá enfrente en el Normal 3.

¿Qué es lo que más te gusta de ser un librero?

Uy qué pregunta… Nunca lo pensé… A veces es cansador, porque cuando pasan los años vas teniendo más cosas a cargo. Empecé como un simple cadete y ahora llevo la parte administrativa; no tengo tiempo de pensar lo que me gusta porque la velocidad de los sucesos cotidianos te va llevando ya que desde que abro a las 7:30 hasta que cierro la reja a las 19:30, no paro. Pero una cosa que sí me gusta de trabajar acá es poder venir todos los días con mi hija, ella para el colegio y yo para mi trabajo y luego volvernos también juntos.

Los dejo porque siguen entrando clientes. Mario y Darío van y vienen, cuando no es uno es el otro, los dos están atentos a lo que les piden y no hacen esperar a los compradores. Todo el barrio los conoce, ellos lo saben y están orgullosos de ser referentes en su rubro. Nosotros también, de tenerlos como vecinos.

                                                                                   Isabel Bláser

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