HERENCIA AFRO

Julio Ríos (32) es argentino, pero tiene sangre rioplatense ya que su padre nació en Fray Bentos -Uruguay- y su madre en Corrientes -Argentina-. Fue vecino de Perú y Huberto I°, hasta hace pocos años atrás, porque “siempre tuve la idea de venir a San Telmo y así lo hice cuando se dio la oportunidad, ya que era un deseo personal muy fuerte”, dice.

El Sol de San Telmo fue el nexo que nos unió y nos permitió ahondar más sobre su amor por el candombe, los tambores y todo lo que nuestro barrio San Telmo representa históricamente para los afrodescendientes.

¿En ese momento te relacionaste con los tambores?

® Fue cinco años antes de mudarme acá. Venía cuando podía, pero no conocía a nadie porque no estaba en el ambiente interno del candombe en San Telmo.

¿Cómo se hace para sumase a una agrupación? ¿Hay que ir tocando o bailando con ellos o el líder te integra?

® Depende de los códigos de cada una, también su historia y el contexto que rodea al ambiente candombero. Hace varios años el candombe “explotó” y está creciendo. Hay candombe por todos lados y muchos lugares donde enseñan y uno va sumándose.

¿Quiénes comenzaron a divulgarlo?

® Los que comenzaron a transmitir el candombe, la herencia de sus ancestros y su fundamento fueron los Bonga (Javier) y Claudio “Artigas” Martirena (Las Lonjas de San Telmo). Luego se ramificó y hoy por hoy hay mucha gente que lo difunde.

¿Cuál es la historia que cuentan al hacer el recorrido?

® Cuando el candombe nace, ganaron la calle. Fue pasito a pasito, no tenían ningún tipo de derechos. Cuando pudieron tenerlos se reunían en un espacio cerrado y después, con el tiempo, salieron a la calle para mostrar su cultura, costumbres y tradiciones.

Más adelante, cuando se transforma en toque afro-uruguayo se afianza y desarrolla en los tres toques de Ansina, Cuareim y Cordón (se refiere a tres lugares en Uruguay). Salían de un conventillo e iban al otro con su toque para encontrarse, tocar y volver. Era como una ceremonia, acá no prosperó así.  

¿Cómo es la ceremonia de calentar los tambores y prepararse para la llamada?

® Como candomberos se le da mucho valor, si bien sirve para afinarlos en lo musical hay todo un contexto de prender el fuego, el mate, el estar tranquilo, es un momento de estar en el aquí y ahora, la concentración. En los ensayos se hablan temas relacionados a la organización de rifas o eventos, de los proyectos, de lo que nos pasa y cuando estás en el toque para una llamada, vestido, es más una arenga, una ceremonia.

Eso es lo que muchas personas no entienden…

® O no saben… Para la policía, es una contravención hacer fuego en la vereda y si un/a vecino/a hace una denuncia vienen y nos piden que lo apaguemos, lo que provocó que no lo hagamos, perdiendo así una parte de la ceremonia porque ese temple, ese calor ya no está. Ahora para afinar el tambor usamos las llaves y salimos. En otra época no hubiésemos podido tocar, ya que el tambor no tenía herrajes y la única manera que el cuero estuviera afinado era templándolo.

Cuando hacen el asadito en la vereda nadie les dice nada… ¿Por qué crees que muchos rechazan esa cultura? ¿Por qué cuando los españoles, los italianos, los brasileños salen a la calle a bailar los miran y aplauden y a los afro los combaten? ¿Ignoran la profundidad de ese sentimiento que quieren transmitir a través de los siglos?

® En lo personal siento que la respuesta puede entenderse a través de una línea de tiempo que viene desde que todo comenzó hasta el día de hoy. No podemos olvidarnos que el candombe era juntarse a tocar el tambor ya sea sentado, parado, con las dos manos, con mano y palo, en distintos toques… Era el ritual de juntarse en una sala, como nació en Uruguay, un espacio que le daba una persona o un grupo donde una vez por semana hacían sus rituales, sus “cosas de negros” como decían ellos. En ese momento, eso era candombe; después se transformó en lo que es hoy: chico / repique y piano, cordón, afro-uruguayo y todo lo que conocemos… Ahí gana la calle.

¿Fue para mostrar que existían?

® Fue buscando una liberación. Nace de mucho sufrimiento, de mucha esclavitud. De alguna manera no pidieron permiso, tuvieron que ser bruscos y el toque es así también. Para muchos percusionistas que quizás no están acostumbrados al candombe, escuchar a treinta tambores repicando les parece ensordecedor y he escuchado decir: “El sonido es bastante violento”.

¡No escucharon los tambores japoneses! El sonido es impresionante…

® Supongo que al ser tocado caminando y muchas veces sangrando, empezó a estigmatizarse y a señalarlo como una “cosa de negros”. A partir de ahí comienza a ser mal visto y se forma un discurso que hoy muchas personas repiten en San Telmo.

Aclaro que esto es una opinión personal, creo que hoy vivimos en una ciudad que no tiene nada que ver con la de 1800 y existen ciertos códigos y cuestiones que hay que conciliar para que estemos en paz y armonía con el resto: los de samba, los de candombe, los bolivianos que se juntan y hacen sus ensayos; todos, cada uno con su cultura.

¿Cómo conciliamos?

® Sabiendo que hay horarios en que no se puede tocar candombe, por ejemplo a las 23 o 24 horas. Tenemos que tocar hasta las 20 horas porque la idea es transmitir la cultura no empecinarse en un horario, porque si no los vecinos dicen: “Los candomberos tocan a tal hora, no respetan el descanso” o “se juntan y se pelean” o “se toman todo” y capaz que son cincuenta los que pasan. Entonces hay que entender a las dos partes y la respuesta está compuesta por varias cuestiones: un poco que la gente no conoce y no entiende y otro es que lo que conoce no es la cara candombera, aunque para ellos sea así.

¿Cómo es la cara candombera?

® La familia, grupos donde podemos ir con nuestros hijos y compartir con ellos todo lo que significa ser afrodescendiente. Por eso buscamos un parque o un lugar amplio donde tocar y donde ellos también puedan estar con nosotros y disfrutar de esa actividad y de sus juegos.

¿Solo hay candombe en CABA?

® El candombe está centralizado en la ciudad, pero hay candombe en muchas partes del país, como por ejemplo en Chascomús. La comparsa en la que actualmente toco en San Telmo se llama “Tambores de la Capilla”, nos juntamos en Brasil y Balcarce los sábados a las 17 horas. Elegimos los sábados porque los domingos el barrio está saturado de turismo, tango, candombe, samba. También muchos tocadores y bailarinas se fueron a vivir a otros lugares del país donde han llevado el candombe y su toque; lo enseñan y van gestando otros.

¿Cómo es que de Chascomús llegaron a San Telmo?

® Allá no había candombe, hay gracias a la Capilla de los Negros. Su historia es que los negros libertos pidieron los terrenos donde está, en 1861. Se los dieron y armaron con sus manos un lugar que la población de Chascomús llamó capilla, porque ahí se juntaban para hacer sus rituales, compartir sus tradiciones, su religión y celebrar sus fiestas. También tocaban candombe, hay escritos de la época donde figura la palabra candombe y en esos registros está el nombre del afro que era el jefe de los tambores que es el bisabuelo de la mujer que actualmente tiene a su cargo la Capilla.

¿Estaban integrados a la comunidad?

® La relación entre los afro y la otra parte de los habitantes de Chascomús era buena pero estaban divididos, los negros tenían esos terrenos que nadie quería porque eran bajos y se inundaban y el resto en los altos. Entre 1945/1950 Eloísa González Soler -abuela de Soledad Luis, persona que actualmente cuida la capilla-, decide abrirla a toda la comunidad. Nadie lo había hecho antes, esto provoca la rotura del tabú de los habitantes del pueblo que comienzan a entrar para conocer el lugar.

Convengamos que el tabú también lo tienen los negros…

® Claro, es de las dos partes. Son prejuicios por desconocimiento. Eloísa terminó siendo una persona socialmente importante en la comunidad, no era una vecina más tanto es así que el Presidente Raúl Alfonsín la recibió en la Casa de Gobierno.

Así fue que la sociedad toda empezó a apropiarse de la Capilla; no solo los descendientes afro, sino que comenzó a conocerse popularmente como la “Capilla de los Negros”. Los visitantes llevaban rosarios o como yo una estampita de San Expedito, cada uno dejaba lo suyo y hoy conviven todas las creencias que fueron dejando las personas que la visitaron.

¿Y allí se desarrolló también el candombe?

® En Chascomús durante más de setenta años los tambores dejaron de sonar, no se expandieron al pueblo. En 2009, Javier Lemos -director de la comparsa que estamos liderando- va a Chascomús con el programa Paka Paka -donde intervino en ese momento- y los chicos del lugar, que querían tocar candombe, se le acercaron cuando estaba dando clase y le preguntaron si les podía enseñar. Aceptó y al tiempo fue a conocer la Capilla, lo que marcó un antes y un después porque tuvo suerte que la persona a cargo en esa época -tío de Soledad Luis- lo recibiera, ya que no era habitual que hiciera eso debido a que había vuelto a cerrarla para vivir con su familia. Sin embargo, cuando se conocieron con Javier -cuentan los que presenciaron ese momento- se miraron a los ojos y lo dejó entrar. Confió en él.

¿Volvió el candombe?

® Javier empezó a enseñar candombe, los chicos que eran cinco o seis comenzaron a aprender y se armó un ambiente candombero nuevamente. En 2019 para los carnavales en Chascomús, después de más de setenta años, salieron los tambores a la calle a caminar en un evento armado por la Municipalidad que quedó contentísima por la repercusión y apoyó su desarrollo. Fue una experiencia muy emocionante, había gente de más de 80 años que lloraba y traía fotos de la Capilla del carnaval cuando eran chicos. La raíz afro empezó a revivir en el pueblo con esa salida de tambores porque la gente quedó impactada.

¿Los Tambores de la Capilla fueron a competir a Uruguay?

® En febrero de 2020, un mes antes de la pandemia, fuimos a Fray Bentos y salimos con la comparsa a tocar por el barrio donde me crie. Fue cumplir un sueño que siempre tuve. Pudimos hacerlo porque yo tocaba en una agrupación y fui invitado a una salida donde propuse competir en Uruguay -cosa que no se acostumbra, aunque sí que vengan de allá para acá-. Javier Lemos me escuchó y me propuso unirnos, ya que la Capilla está patrocinada por la UNESCO y además la intendencia de Chascomús también podía apoyar la idea y así fue.

Lo importante también fue visibilizar que en Argentina existe el candombe y si lo hacemos como una constante, de acá a diez años será común que en Uruguay haya una comparsa argentina que los visite y también compita.

¿Cómo es la interacción de la Capilla de los Negros con San Telmo?

® Soledad nos contó la historia de la Capilla y la de esos negros que llegaron a Chascomús pasando primero por el puerto en San Telmo, luego vendidos en el Parque Lezama para llevarlos a Chascomús y revenderlos a las estancias de la zona. Todos ingresaron por acá, el barrio no puede olvidar eso.

¡No puede olvidarlo y menos ignorarlo!

® La UNESCO visibilizó la historia a través de un programa que se llama “La ruta del esclavo”, allí se nombran los sitios donde comenzó la historia afro en Argentina. El puerto de Buenos Aires -y por ende San Telmo- está muy ligado a esa ruta que tiene directa relación con la Capilla de los Negros, por lo tanto no se puede obviar. Nosotros queremos hacer conocer la historia, que en realidad es federal y a la hora del candombe es imposible no asociarlo con San Telmo.

¿Cuál es el recorrido de los Tambores de la Capilla en el barrio?

® Los sábados desde las 17 a las 20 horas estamos en el Parque Lezama. Pero a las 19 horas vamos caminando por Balcarce y llegamos hasta Cochabamba donde están los Bomberos y luego volvemos, para terminar a las 20 horas.

¿Cómo reaccionan los vecinos cuando pasan?

® Podemos decir que hasta mayo no hubo registro de denuncias de los vecinos por nuestra actividad de los sábados. Sabemos, por otras agrupaciones, que los domingos les han tirado baldazos de agua desde los edificios.

¿Cuántos integran la comparsa?

® Con bailarinas y tambores seremos entre 40 y 50, en Chascomús hoy hay tres comparsas que se formaron en 15 años y no son parte de los Tambores de la Capilla en la semana, porque ensayamos en capital. Antes venían todos los fines de semana en una combi para ensayar, pero como eso no se pudo sostener empezaron a armar agrupaciones allá y cuando vamos salimos todos juntos, porque son como una ramificación.

¿A los chicos los atrae el candombe?

® Sí, pero no tienen la facilidad de conocerlo porque no lo ven habitualmente en la calle, no es algo cotidiano y en la escuela no se lo incluye. En Uruguay es como el fútbol, toca candombe un bioquímico o una persona de la ciudad o del campo, aunque ahora he tocado acá con mujeres -una de ellas es neurocirujana- que se “enganchan” mucho.

¿Es difícil?

® Los tres tambores tienen técnica y después que uno la asimila hay que aplicarla caminando, lo que no es fácil. También hay que tener en cuenta que el piano -que es el tambor más grande- puede llegar a pesar diez o doce kilos y andar varias cuadras con él colgando y tocando de la misma manera es la parte físicamente difícil. Se compara con una maratón, porque hay que tener resistencia. Mucha gente en Uruguay se prepara físicamente saliendo a correr y cuidándose en la alimentación, porque es muy intenso.

¿Qué le dirías a los vecinos con relación a la historia afro argentina?

® Más que nada quizás pedirles un poco de empatía o paciencia a la hora de conocer la cultura afro. El por qué del fuego, por qué vamos caminando, por qué los fines de semana. Y tratar de no juzgar tanto. Como candombero también me gustaría que haya un acercamiento nuestro con el barrio para transmitir la historia y acercarles el candombe, porque creo que si la conocen seguramente se apropiarán de ella y van a entender nuestra necesidad de hacerlo.

Al mismo tiempo sabemos que los vecinos toleran nuestros toques, pero sería muy importante para todos darnos la oportunidad de vivir en armonía, compartiendo la vida en San Telmo con todas sus culturas. La nuestra no queremos que se pierda, es muy rica y estamos seguros de que podemos aportar mucho a la sociedad.

El candombe proviene de la cultura africana bantú, principalmente de Angola. Desde allí llegaron los esclavos -entre 1580 y 1861- al Virreinato del Río de la Plata. Por tanto, el que elija San Telmo para habitar, tiene que saber que la cultura afro está en estos lares desde el siglo XVI o sea mucho, pero mucho, antes de que todos nosotros viviéramos aquí. Seguir negándola o desmereciéndola es una necedad.  

                                                                                               Isabel Bláser

Julio Ríos durante la entrevista
Los Tambores de la Capilla en el Parque Lezama
Los Tambores de la Capilla en la calle Balcarce

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