Sucesos curiosos y avatares en San Telmo del siglo XIX

En 1810 cuando la libertad nacía en la ribera del Río de La Plata, Buenos Aires y sus arrabales tenían una población aproximada de 45 mil habitantes. Correspondían a San Telmo 47 manzanas numeradas y 8 sin numerar. La calle Balcarce, a la altura de Humberto Primo, se encontraba cerrada al tránsito y era una barranca al río. El parque Lezama comenzó a ser llamado “quinta de los ingleses”, aludiendo a su propietario Mr. Charles Ridgley Horne.

En la calle Humberto Primo 343 -donde hoy funciona la Escuela Dr. Guillermo Rawson- fue establecida la primera facultad de Medicina de la ciudad y la academia de Matemáticas, en Defensa entre México y Venezuela.

La edificación se había extendido hasta Av. Caseros a la altura de la calle Bolívar. En 1817 el agrimensor y cartógrafo José María Manso diseño una pieza cartográfica histórica y fundamental para entender la traza urbana de la época, allí marcó las calles más importantes en ese entonces, donde figura la N°1 – calle Bolívar; N°2 – calle Defensa y N°3 – calle Balcarce. La que hoy conocemos como Plaza Dorrego, en 1822 adoptó el nombre de “Plaza del Comercio” y en la cartografía de la época comenzaba a aparecer el pasaje San Lorenzo.

También en ese entonces El Tercero del Sur y el Arroyo de Granados fueron cegados, ya que constituían un gran foco de infección para la ciudad que comenzaba a crecer. Tengamos en cuenta que los habitantes tiraban sus desechos en los arroyos y las intensas lluvias hacían que todo se esparciera, produciendo un olor nauseabundo. Cabe aclarar que los pozos de basura recién comenzaron a aparecer -según fuentes arqueológicas- al comenzar el siglo XIX.

Al inicio de la urbanización, el agua era sacada del río y transportada a las casas donde se guardaba en grandes tinajones para dejarla reposar; los españoles sabían que dejándola sedimentar unos días, se podía utilizar para el consumo humano. A comienzos del siglo XVII comenzaron a excavar pozos hasta la primera napa freática, la que en esta zona no estaba muy profunda y era posible su acceso cavando un pozo de aproximadamente 6 a 10 metros de profundidad. Pero lo que la mayoría de los habitantes en esa época no sabían, era que el agua que se extraía de la primera napa era inviable para el consumo humano; Eduardo Wilde (médico, político y escritor argentino) lo describiría -en 1881- diciendo que “el agua de los pozos de balde cuya profundidad varía de las 18 a las 23 varas (13 a 18 metros) es, por lo general, salobre e inútil para casi todos los usos domésticos”. Aún no se sabía que la contaminación producida por los desechos orgánicos arrojados a los pozos ciegos cercanos era lo que agravaba las condiciones de salubridad del agua.

En 1823 el ingeniero británico James (Santiago) Bevans excavó por primera vez hasta la segunda napa; este trabajo -que le llevo 3 años- significó un gran avance en la salubridad porteña. El censo de la ciudad de 1887 indica que había 20.787 casas con pozos, 9.019 con aljibes y 8.817 ya contaban con agua potable, es decir que había cegado su sistema anterior. Los conventillos del barrio aún tenían sistemas de aljibe y pozos hasta entrado el siglo XX, incluso después de haberse establecido una Ordenanza municipal -en 1894- prohibiendo este tipo de sistemas por una cuestión básica de salud y para controlar cualquier tipo de epidemia o cólera.

Los aljibes eran diferentes a los pozos; se trataba de un sistema que constaba de una cisterna bajo tierra donde se guardaba el agua proveniente de las terrazas y patios, transportada mediante albañales o caños. La boca podía tener un brocal, una construcción cilíndrica de mampostería o, en algunos casos incluso de mármol, con una estructura de madera o hierro encima desde donde se podía colgar la roldana para la soga y el balde. Estructuras -muchas veces- con hermosos trabajos artesanales.

El 12 de marzo de 1854 con la iniciativa de la Sociedad de Beneficencia italiana, creada por un grupo de inmigrantes, se colocó la piedra fundamental de lo que sería el Hospital Italiano en las calles Caseros y Bolívar, esquina noroeste, correspondiente a la frontera entre San Telmo y Barracas. Nueve años más tarde abrió sus puertas y estuvo a disposición del gobierno argentino siempre que fue necesario; cedió sus instalaciones para brindar asistencia en la guerra con Paraguay y más adelante para atender a los enfermeros en la gran epidemia de cólera y fiebre amarilla que azotó -especialmente- esta parte de la ciudad. En 1872 se reinaugura con una capacidad de 150 camas para internación. Con el correr de los años resultó insuficiente el edificio para atender la gran cantidad de pacientes que había por la inmigración y, en 1902, se inaugura la nueva sede en el barrio de Almagro en un predio que había pertenecido al creador del Código Civil Argentino, el Doctor Vélez Sarsfield.

Por otro lado, durante la época que gobernaba Bernardino Rivadavia las calles volvieron a cambiar de nombre. En el siguiente cuadro verán la denominación oficial de ese entonces y la actual; algunas mantuvieron sus nombres, otras cambiaron por completo o tuvieron alguna modificación. De manera lúdica podemos jugar con los diferentes apelativos que tuvieron en estos más de 200 años de historia.

Ignacio Lavorano

Cisterna encontrada en Moreno 550, CABA ( enero de 2018 ). Foto : Eva Bernat

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